jueves, 8 de octubre de 2009

INSTITUTO DEL LIBRO Y LA LECTURA,INLEC DEL PERÚ

Y

CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA

5 DE OCTUBRE
UNESCO
:

DÍA MUNDIALDE LOS PROFESORES

PLAN LECTOR

PLIEGOS

DE LECTURA

RECUERDOS DE UN ALUMNO,

DESPUÉS MAESTRO

ENTREVISTA A

JACINTO DIESTRA

Por Danilo Sánchez Lihón

En una comarca andina, donde flores hay muy bellas donde majestuoso brilla, sin rival el sol de mayo,una casa se levanta entre cerros y jazmines: es la escuela de mi pueblo, el alma del alma mía".La escuela de mi tierra

1. Consustanciadoscon su misión
EI recuerdo más antiguo que tengo del maestro Danilo Sánchez Gamboa, tu papá, es una certidumbre y una sensación muy nítida y segura.
¿Cuál es? La de llegar a la escuela, a cualquier hora que sea, si es temprano mejor todavía, y tener la completa convicción de encontrarlo a él, de saber que él está allí, presente en la escuela.
Porque eso ocurría, de allí que lo identifico a don Danilo con lo que es la escuela total y plenamente, con su patio, sus corredores y sus salones.
Lo identifico a tu papá como algo inherente a las aulas mismas. No puedo desligarlos a ambos, a don Danilo y al Centro Viejo. Hay maestros así, consustanciados con su misión.

2. Comoa nuestros papás

Y mira, ¿ah?, la imagen es de encontrarlo ahí leyendo y a la vez vigilante de los alumnos que iban llegando. Y siempre él con una sonrisa, tratando a sus alumnos de una manera cariñosa, pero al mismo tiempo firme, porque así era él. Decía:
– A ver, ese alumno que está hablando allá". –Se bajaba y ¡uy! ¡uy! ¡uy!
A los profesores les teníamos miedo porque cada vez que nuestras mamitas los encontraban a su paso por la calle, les decían:
– ¿Y cómo se está portando mi hijo? Si se porta mal, dele duro, ¡péguemelo!
O, peor todavía, había mamitas que les decían de frente:
– Péguele a este cholo que no me obedece. Se está portando mal. ¡Está muy malcriado! Me ha hecho esto, ¡fíjese! –y le daban las quejas, como a nuestros papás– ¡Hágame el favor de corregirlo a palos!
Les pedían que nos pegaran y si no lo hacían, para su concepto, era un mal profesor.

3. Tan llenode alegría

De ahí que decíamos, cuando ya se acercaba:
– Ahora le pega un reglazo. –Porque se venía a donde estaba el alumno, le ordenaba ponerse en actitud de ¡firmes!, le llamaba la atención, porque eso sí, era bien recto y derecho, ¿ah?, y a la hora de pegar el reglazo levantaba su zapato y con la regla se daba en la suela, por debajo de la planta del pie.
Siempre era así, ¿mira, ah?... Y en los recreos uno lo encontraba a él siempre vigilante, atento al comportamiento de los niños. Ante cualquier problema ponía su cara de serio como para que uno se componga, pero por dentro se estaba riendo, tan sereno, tan lleno de alegría como era, porque después lo conocí muy de cerca, tanto que puedo decir que fue mi amigo.
Y siempre era puntual en el inicio de cada actividad. Uno se daba cuenta de que estaba muy contento estando en la escuela. Y en sólo dos sitios se le podía encontrar: en su casa o en la escuela, en ningún otro lugar.

4. Con los ojos cerrados

Y era, pues, además de maestro, un artista. No cualquiera tiene las cualidades que él tenía. Así como era un gran maestro de tiza y pizarra, de repente se le veía tocando esas canciones de la época... ¡los tangos...!
Tanto, que organizó y dirigía una orquesta de instrumentos de cuerda que en toda actuación estaba presente, e incluso animaba en las fiestas.
Cuando uno pasaba cerca de tu casa se escuchaba una música bella; y al principio tratábamos de ubicar de dónde salía... Pero, después ya sabíamos..., ¡de tu sala!, con la puerta a medio abrir, estaba él que se dormía sólito tocando el violín con una música que encandilaba.
Con los ojos cerrados movía el arco, ya transportado diríamos..., extendido el pañuelo entre su cuello y la base del violín. Y se dormía tocando, o parecía dormido con los ojos cerrados.
¡Y qué música, Dios mío!, una música muy sentida y muy profunda, con reminiscencias incaicas, ¡porque eso le gustaba a él sobremanera...!

5. Pero he allí el orgullo

Y ¡cómo quería a sus hijos! Eran para él sus joyas. A todos lados los llevaba, a ti y a Juvenal. Bueno, a los demás yo ya no los he conocido, o los habré visto, pero después, porque yo salí de Santiago de Chuco el año 1948.
Desde chiquitito, me acuerdo, quería que Juvenal desfile el 28 de julio, con el tambor adelante, pero era muy chiquitito, pues. ¿Cuántos años tendría? No sé. Para eso tuvieron que doblar la correa de cuero y coserla hasta dejarla un pedacito. Y salió a desfilar tu hermano siendo todavía una criaturita... cuando la tarola lo vencía, le llegaba por las rodillas.
Pero he allí el orgullo de tu papá que era darles siempre a ustedes muchas responsabilidades, y las cumplían, pues... ¡Tú te acordarás de todo eso! A ti te poníamos en la camilla de la Cruz Roja como un muñeco. Pero en la mitad de la calle, justo frente a la tribuna una vez te paraste y te saliste muy enojado dándote un volatín, y la gente de la impresión se moría de la risa. Y aplaudía a rabiar, cuando tú todavía seguías enfurruñado. Fue muy graciosa y natural esa escena.

6. Ellas vuelan tras el granoque las ha de sustentar

Y, bueno, él nos enseñaba a cantar. ¡Después uno se da cuenta de qué importante es cantar en la vida! Y lo reconozco ahora porque soy maestro, ¡acerca de lo importante que es cantar en la infancia! Y, bueno, él nos decía eso mismo: que es importante cantar en la vida, expresando lo que sentimos mediante el canto.
Ahora bien, las canciones en la escuela estaban graduadas de acuerdo a la época. La primera es un emblema para todos los que hemos estado alguna vez en la escuela, sea en el norte o en el sur, sea en el oriente o en el occidente del Perú y que la aprendimos cuando fuimos de niños, y que dice:
Cual bandada de palomas que regresan al vergelya volvemos a la escuelaanhelantes del saber…
ellas vuelan tras el grano que las ha de sustentar,y nosotros tras la ideaque es el grano intelectual
Creo que sería muy raro que hubiera algún peruano que no sepa esa canción, y que habiendo pasado por la escuela no la haya cantado. Y que si bien algunos no la recuerdan completa, por lo menos cada quien evocará algunos versos de ella porque está en lo más profundo de nuestro espíritu.

7. La alegría de vivir

Luego venían las canciones a la primavera, y cantábamos:
Alegría, alegría, de natura que cantaalegría, alegría, de nuestro corazón.Yo te canto primavera,porque el ruiseñor te canta…
Porque en la sierra norte del Perú el calendario de estaciones es distinto a la región de la costa. Porque mayo, como tú sabes, en la sierra es el mes más hermoso, dado que nos brinda a todos una riqueza de sensaciones y matices inigualables. Una naturaleza donde todo se cubre de flores, donde todo es música que surge de ese mismo estallido o floración de la vida.
Yo recuerdo que al romper el alba ya era un concierto: los pájaros cantores con sus trinos, a cuál mejor, se ponían en el tejado de los techos a compartir la alegría de vivir. Y nosotros habitábamos así ¡dentro de un mundo que nos hacía felices!
Quizás era así porque no teníamos dinero. Y como no lo teníamos, entonces no había de qué preocuparse. Es por eso que yo puedo dar testimonio de la felicidad que viví en mi niñez.

8. Feliz de haber allí nacido

A mi me conocían por las travesuras que hacía en todas partes. El pueblo es como tú sabes, más o menos regular, y yo todos los días lo recorría de un extremo a otro.
Y aquí aprovecho para decir algo muy singular: que no creo que alguien que estudió en aquel tiempo en el Centro Viejo tenga algún prejuicio de cualquier índole, de tipo racial, económico o cultural.
¡Y sabemos por qué! ¡Porque los niños vivíamos juntos!, enlazados, ya fuéramos niños pobres, ya muy pobres, regular de pobres, ricos o muy ricos. También los que vivían en la ciudad, como en el campo. Sea el gringuito, como el mestizo o el moreno, todos compartíamos ahí por igual.
Y es ésa la forma cómo se construye la democracia, que se basa en la igualdad de todos, en el principio de la justicia. Es por eso que yo agradezco y vivo feliz de haber nacido y pasado toda mi niñez en Santiago de Chuco.

9. En los campos de honor

Volviendo a las canciones, éstas iban de acuerdo a la época del año, coincidiendo con el programa del Calendario Cívico Escolar. Pasadas las canciones de primavera, ya era una tradición entonar una canción como era "El 7 de Junio", que con mucho fervor tu papá nos enseñó, pero que ya dentro de cada salón los profesores la seguían haciendo cantar a sus alumnos y el profesor Manuel Miñano nos incentivaba a cantarla a gritos:
El día 7 de Junio,un día tan desdichado,a un parlamento confiadole intimidaron rendición.
Ésa es como una estrofa, y a continuación entra el coro de versos:
Ya resuenan los clarineslos tambores y el cañón.Yo defiendo mi banderaen los campos de honor.

10. Un homenaje a esos muchachos

Luego venían las canciones al indio, al labriego y al campesino, que en buena cuenta éramos nosotros mismos, porque en cualquier momento nos íbamos a la chacra y ya éramos unos auténticos campesinos:
Es ya de madrugadael labriego despiertaal entreabrir sus ojosla luz del día ve;
Entonces presurososaliendo de su lechomusita una plegariallena de amor y fe…
Pero aquí ha de valer que rindamos un homenaje a esos muchachos, nuestros compañeros que venían del campo después de caminar cuatro, cinco, seis o más kilómetros y, sin embargo, llegaban al pueblo y a la escuela antes que todos nosotros que vivíamos en la ciudad. O que vivíamos ahí no más, al lado de la escuela.Ellos, ¿acaso tenían reloj? ¿Alguien ha visto a alguno de ellos que tenía reloj? ¡No, no tenían! En cambio, yo por ejemplo, vivía a una cuadra de la escuela ¡y yo sí tenía reloj! Y, sin em¬bargo, llegaba a veces tarde o con las justas a la formación en el patio. ¡Ellos, nunca!

11. Los niños más sanos y puros

Cuando escuchaba ya el segundo campanazo recién me levantaba con todo de la cama, agarraba ahí no más el agua de las goteras, esa agua helada que recogemos en barriles o baldes, y me lavaba la cara, así como el gato.
Me secaba con mi pañuelo y me iba con dos panes en mi bolsillo: ¿para qué? Para canjearlos en la escuela con el "Mono" Segundo Paredes, quien se acuerda todavía de estos hechos, a quien yo le daba los panes y él me entregaba capulí de sus chacras, o llacones.
Yo llegaba con las justas y mis compañeros del campo, ¿ah?, con sus llanques y pantaloncitos arriba de la canilla, me ganaban.
Yo me he preguntado también eso: ¿por qué usan el pantaloncito alto? Y es por la lluvia, ¡debido a que tienen que pisar el agua que hay en los caminos! Y, para que no se mojen, usan el pantaloncito arriba.
Esos niños eran los niños más sanos y puros que yo tengo registrados en mi memoria. E iban con la esperanza de que nosotros también les enseñemos algo nuevo. Y como que así era:
– Yo el otro día he estado en Trujillo. –Decía uno. Y ellos escuchaban con mucha atención.

12. Yo todavía me acuerdo

Así llegaba el 24 de Junio que era una fiesta escolar muy grande, en la 271 o Centro Viejo. Y todo ello por iniciativa de tu papá, que resaltaba mucho nuestra identidad, la adhesión a nuestra cultura y, sobre todo, al mundo del campesinado:
Mama Pacha, ¿do están tus hijos?
los cobrizos hijos del sol,no los oigo por las praderasentonando dulces canciones.
Padre Inti, ¿do están aquellos?que su brazo forjó la tierrano los oigo por las llanuraslanzar bravos gritos de guerra.
Tanto es así que varias canciones las cantábamos en quechua, pese a que en Santiago no hablamos quechua, ni él tampoco sabía esa lengua. Pero las cantábamos en ese idioma, lo cual tiene más mérito todavía. Yo todavía me acuerdo que esa linda canción “India bella” la cantábamos en quechua: “Coñi Urahui” u otra “Katehua” que la decíamos en quechua y castellano, una de cuyas estrofas se cantaba así:
Flores del valleque dais calora la esperanza de un bello amor.Vuestro perfumeconsoladorrobe la ñustatanto dolor.

13. Indio que asomas a la puerta

Ese día del Indio o de la identidad había actuaciones cívicas en donde se improvisaba un escenario, con algunos telones que se colgaban tendiendo una cuerda entre pilar y pilar. Y se salía a actuar representando también obras de teatro escolar.
Allí tu papá formó a Helí Miñano que tenía dotes muy especiales. Era un artista ese niño. Y nosotros estábamos orgullosos de él. Y esto frente a los alumnos del señor Encamación Saavedra, que era la escuela con la cual rivalizábamos.
Porque, en nuestros logros de carácter literario, nos burlábamos de los muchachos del señor Saavedra, porque tenían un tonito para recitar que era como una cantaleta. Me acuerdo de que salía el Roland Geldres, para el Día del Indio, con su tonada:
Indio que asomas a la puertaaaade esa tu rústica mansióooon,¿para mi sed no tienes aguaaaa,dulce maíz para mi hambreeee,para mi sueño cobertoooorrr?
Y ahí el que recitaba se paraba a pensar:
Indio de frente sudorosaaaa...

14. Andábamos hechizados

Y seguían así con la cantaleta, con ese tono por el cual nosotros los fastidiábamos cuando los encontrábamos en la calle o en cualquier tienda, repitiéndoles:
"Indio que asomas a la puertaaaa..."
En cambio Helí era un artista consumado. Y era chiquitito. Pero él desde niño nos influyó a todos. Todos recitábamos como Helí lo hacía, que era excelente, en realidad ¡buenazo!
Yo pude descubrir, al verlo, que un recitador, o un actor, puede estirarse, crecerse hasta límites increíbles, como también encogerse o empequeñecerse a su antojo.
¡Y eso causa mucho impacto! Fíjate, ¿ah? ¡Cómo sacó todo eso tu padre, de tal modo que, te juro, andábamos hechizados de cómo recitaba Helí.
Y, bueno, él ha llegado a ser lo que es: un señor del teatro nacional, trabajando con compañías de mucho prestigio en todo el país.

15. Como a ti te nace y como tú eres

Yo me acuerdo de que para recitar poemas y exaltar valores Helí estiraba el brazo a más no poder. Increíble, jamás lo hubiéramos imaginado. Y se empinaba... ¡para hacer eso se necesita talento! Y eso causaba indudablemente una impresión profunda, que te comprometía el alma totalmente...
Yo recuerdo que ese estilo irrumpió de una manera tal que a todos, chicos y grandes, iniciados y no iniciados, nos contagió tremendamente. Pero a mí cuando don Danilo me vio recitar me llamó y me dijo: "Tú tienes tu estilo. Tú debes recitar en tu estilo, como a ti te nace y como tú eres. No tienes por qué imitar a nadie".
Y resaltó las cualidades que yo tenía. Y me sirvió mucho lo que me dijo, porque yo andaba como esclavizado con el estilo de Helí.
Para eso, las actuaciones grandes eran los días sábados, que eran los días en que se hacía el cambio de tumo, mediante el cual un profesor dejaba y otro asumía la responsabilidad de la escuela durante una semana, que era como hacerse cargo de la marcha del plantel, complementando la labor del director.

16. Poesías como éstasque yo salía a recitar

Para eso, yo me aprendía esas poesías chiquitas que me gustaban mucho, del cuaderno del Primer Año, que dicen así:
La gata, la gata,llevó a los gatitos,los llevó a pasear.Los gatitos quierencorrer y jugar.La gata les dice:cuidado, hijitos,que los zapatitos,se van a estropear.
¡Ése era un poema del libro de Primer Año de Primaria! Ahora, cuando tuve el libro de Segundo Año, había varias poesías que me gustaban, como ésta que yo salía a recitar:
Qué linda es mi cometa,ya vuela con primor,es pájaro que vuelacon alas de color.
Saliendo de mi escuela,cumpliendo mi deber,yo vuelo mi cometa,¡qué dicha, qué placer!

17. Desde la improvisada tribuna

Y así sigue. Pero no sólo recitábamos poesías, sino las fábulas en verso que figuraban en el libro, como ésta que estaba incluida en el libro del Segundo Año:
Junto a un negro buey cantabanun ruiseñor y un canario,y en lo gracioso y lo varioiguales los dos quedaban.
–Decide la cuestión tú–dijo al buey el ruiseñor, y metiéndose a censorhabló el buey y dijo: ¡Muuú!
¡Ésa es una! Y la otra, que también salíamos a decir desde la improvisada tribuna, es la que creo que todos la saben, porque es bastante pegajosa:
A un panal de rica mieldos mil moscas acudieronque, por golosas, murieronpresas de patas en él.A otras, dentro de un pastel,enterró su golosina.Así, si bien se examina,los humanos corazonesperecen en las prisionesdel vicio que los domina.


18. Por las colinas la luz se pierde

En Tercer Año ya venían otras composiciones, más complejas, como "Cuadro matinal" que así se titulaba ese poema en el libro. ¿Quién de nosotros no lo ha recitado en ese corredor junto al ciprés y delante de todos sus compañeros?, mirando los cercos de malvas y los jardines llenos de geranios rojos, amarillos, azules o blancos que crecían jubilosos al pie del corredor:
¡Qué alegre y fresca la mañanita!me agarra el aire por la nariz;los perros ladran, un chico gritay una muchacha gorda y bonita,junto a una piedra muele maíz.
Un mozo trae por un senderosus herramientas y su morral;otro, que agita su gran sombrero,busca una vaca con su terneropara ordeñarla junto al corral...
Y sigue el poema de Rubén Darío, que es larguito:
Por las colinas la luz se pierdebajo del cielo claro y sin fin;ahí el ganado las hojas muerde,y hay en los tallos del pasto verdeescarabajos de oro y carmín…

19. ¡Cuida que no se te vayan a caer las orejas!

Para las Fiestas Patrias, don Danilo se dedicaba, de cuerpo y alma, a hacer escudos, galones, estandartes. Él mismo sacando los números de los almanaques y poniendo el 271 en la franja blanca dentro de los dos campos de color rojo, como era la insignia de nuestra escuela. Y se dedicaba también a la preparación de la Banda de Guerra, que ¡ni se diga la destreza con que lo hacía!
A mí me enseñó a emboquillar la corneta:
– Mira –me dijo– pones los labios así. A ver, húndelos así, no muy adentro... Ahí. Ahora sopla. Cuando soples jala el aire desde aquí.
Y me ponía su mano señalándome el pecho.
– Ahora sopla. Pero no hinches así las mejillas ¡como globos! Porque se te pueden desprender las orejas. Ahí. Ahí. Ahora, fuerte... ¡Sopla fuerte! ¡Sopla!
Y recién salía el sonido nítido y cristalino de la corneta.
– ¿Ya ves? ¡Como te salió! Hazlo otra vez... Ya... ya aprendiste. El resto es ejercicio..., ¿ves cómo te sale ahora el sonido...? límpido. Pero ¡cuida que no se te vayan a caer las orejas por el esfuerzo!

20. ¡Rompan los taroles!

¡Y sabía enseñar, pues! Era un señor con unas habilidades estupendas para todo, ¿ah?
En la escuela, con él curtíamos los pellejos para cambiar de cuero a los tambores, trabajo bien pesado que empieza sabiendo escoger el pellejo para que suene bien el instrumento y no se rompa.
¡Porque ¡no cualquier pellejo sirve! O bien se rompe rápido o bien no suena como debe sonar un redoblante. O bien se desgarra.
Como también hay que saber golpear con la baqueta, si no termina el cuero agujereado, como un tarro de leche abierto con un cuchillo, o lo que sea.
Hay que ser curioso y ¡él era muy curioso!
Pintábamos los aros, cosíamos los templadores, torneábamos las baquetas, untábamos las badanas con sebo... Todo por iniciativa, entusiasmo y dedicación de tu papá.
¡Era incansable! ¡Ponía esmero y cuidado en cada detalle! Pero ya en el desfile se emocionaba tanto que corría a uno y otro lado de la banda arengando:
– ¡Rompan los taroles! ¡Rompan los taroles! –Ese era su grito de guerra.

21. Aparentemente severos, pero en el fondo muy tiernos

Lo veo y se me figura íntegro, por la fisonomía y la manera de ser, ¡te juro!, un César Vallejo auténtico. Cuando imagino a César Vallejo lo imagino como a tu papá: la misma mirada, la misma conformación ósea, los pómulos salientes, la tez trigueña, muy bien peinado con sus ondas a los costados.
Pero, sobre todo, tenían la misma alma, la misma entraña, pegados a sus sufrimientos, ternuras y miedos, aparentemente severos, pero en el fondo muy tiernos.
(En este punto de la entrevista interviene Carlos Diestra, hermano mayor de Jacinto y quien durante toda la conversación ha estado atento, pero callado. Y participa diciendo: "Realmente, el alma de todo era don Danilo. Él nos enseñaba todo. Era el entusiasta. Porque, ¿quién nos enseñaba a modelar en esculturas de barro? Don Danilo. ¿Quién nos enseñaba a hacer las cometas, las antorchas, los escudos? Él. ¿Quién preparaba el desayuno en la escuela con sus alumnos? Don Danilo. ¿El equipo de fútbol? Don Danilo. Las grandes excursiones ¿quién las preparaba? ¡Él!").

22. Los carrizos para hacer las cometas

Ya para Agosto –continúa Jacinto Diestra– era el concurso de cometas en Chaychugo... que empezábamos yendo a traer el carrizo desde El Naranjo.
Porque de lo contrario seguíamos con la malhadada costumbre de jalar, a escondidas, los carrizos de los techos de nuestras casas.
Ahora que lo pienso eso era nefasto, y está bien que nuestras mamitas, especialmente las abuelas, nos castigaran por ello.
Porque así causábamos que las tejas se muevan e hicieran esos goterones en las paredes producidos porque las tejas se movían, pues.
¡Por los nudos que tienen los carrizos y porque están amarrados con soguillas!
Y nosotros a escondidas sacábamos de ahí los carrizos para hacer las cometas. ¿A qué maestro se le ocurrió hacer una excursión anual para traer carrizos frescos que además hacían las cometas más resistentes al viento? ¡A tu papá!


23. Jalar los carrizos que sostienen las tejas

Para eso, a mediados de Julio, se organizaba el paseo a El Naranjo, precisamente para traer carrizo a fin de hacer faroles y cometas.
Mira ¿ah? ¡Visión que tenía!, porque ¿qué padre no se descuida y terminas trayéndote abajo el techo y las paredes de tu propia casa por jalar los carrizos que sostienen las tejas?
¡Y todo por hacer cometas!
¡Yo lo he hecho! ¡Yo he jalado y he causado perjuicio y daño a mi casa!
Y todo niño ha jalado esos carrizos ¡y eso es grave! porque a consecuencia de ello hay goteras y ¡abajo paredes!
Pero para eso estaba don Danilo que organizaba toda una excursión sólo para traer carrizos, sabiendo la gran afición de los niños por esos juegos.
¿Otras escuelas lo hacían? ¡No! ¡No lo he visto ni tampoco lo he sabido!


24. ¿Qué dice en ese signo?

Pero, ¡más grandes eran las excursiones a las ruinas de Huasochugo!, que él organizaba.
Era un viaje largo y agotador porque, mira, había que hacerlo en una sola jomada y con niños pequeñitos, por plena jalca, ¡para llegar a dormir en Uningambal!
Y, al otro día, recién hacer la caminata a Huasochugo. ¡A tu papá le gustaba mucho ese sitio!, y es que para los santiaguinos es como ir a Machu Picchu. Es el lugar más alto, y el vértice de esa zona andina, porque desde esa ciudad incaica ya se divisa el mar.
¡Cómo nuestros antepasados construían sus ciudades en los puntos más elevados!, ¿ah? Un verdadero investigador tu papacito.
Mira... te voy a contar, es como si lo estuviera viendo. Allí hay una piedra en un muro, y en ella hay una figura geométrica, propia de nuestros antecesores Incas o preincas. Él se quedó mirándola y la acarició. Y yo que iba ahí nomás, en su detrás, le pregunté al notar su actitud:
– Maestro, ¿qué dice en ese signo?


25. La frase de un verdadero líder

Y él, que lo seguía mirando, me contestó con esta frase que, para mí, se ha quedado para siempre como un símbolo de lo que es ser un auténtico y verdadero maestro, como lo fue tu padre. ¿Cuál fue esa frase? Te lo diré.
Pero primero déjame decirte que lo dijo con tanta naturalidad, como si lo supiera de antemano, como si estuviera esperando mi pregunta y hubiera estado pensando en eso. Tanto que me parece ahora que él había encontrado el verdadero mensaje de ese signo.
Y ha sido, ¡te lo juro Danilo!, el verdadero derrotero de mi vida de maestro. Porque mira: ¡era como leer en una fuente! Porque esa excursión a Huasochugo él la organizaba todos los años, él iba hasta allí a refrescarse, a beber en una poza de agua cristalina, a recoger inspiración y ¡llevando a toda su escuela!, como ya te he dicho hasta a los niños más chiquititos, verdaderas criaturitas, como a muchos otros lugares, que te contaré en otra oportunidad...
Esa frase que me dijo y, que, según él, decía allí en esa piedra, con ese signo, era ésta:
– "Niños, ¡seguidme!".
Imagínate, qué cosa tan fresca y profunda, a la vez clara y tremenda, como lema de un maestro y que él veía en una piedra de nuestra cultura milenaria. La frase de un verdadero líder, como debe ser todo maestro.

Nota explicativa:
Entrevista realizada al profesor Jacinto Diestra el 15 de septiembre del año 2001, en reunión llevada a cabo con ocasión de cumplir 68 años de vida, el 11 de septiembre. Estuvieron presentes Manuel Vejarano, Carlos Diestra, Juvenal Sánchez, Margarita Diestra, René de Somocurcio, entre otras personas.
Jacinto Diestra nació en Santiago de Chuco el año 1933. Estudió en el Seminario de San Carlos y San Marcelo en Trujillo. Fue profesor de Filosofía en el Colegio Claretiano de San Miguel, en Lima, y de Educación Cívica y Ética en el Centro Educativo José Olaya, en el distrito de La Perla, en el Callao. Murió el 13 de octubre del año 2001).

martes, 16 de septiembre de 2008

CAPULÍ, VALLEJO Y SU TIERRA

Danilo Sánchez Lihón

INVITACIÓNAL RECITAL DE CAPULÍ:
VIERNES 19 DE SEPTIEMBREICPNA DE MIRAFLORES6.30 DE LA NOCHE


POESÍADEL PÓMULO MORADO

Ingreso libre.Agradecemossu gentil asistencia.

PROGRAMA:

Presentación:DANILO SÁNCHEZ LIHÓN

Lectura de poemas:


Armando AZCUÑA
Rosa CARBONEL
Víctor CASTRO
José CRUZADO,
Raúl CHÁVEZ
Fabio GALLON
Ana María INTILI
Consuelo LÓPEZ
Ramón NORIEGA
Manuel RUIZ,
Lupe SALAZAR
Emilio SÁNCHEZ LIHÓN
Zulema VÁSQUEZ
Manuel VELÁSQUEZ,
Julio YOVERA.

ICPNA DE MIRAFLORESEntre las avenidas Angamos y ArequipaTeléfonos CAPULÍ: 420-3343 y 420-3860capulivallejoysutierra@hotmail.com
¿QUÉ ES POESÍA DEL PÓMULO MORADO?
Danilo Sánchez Lihón
1. Una sola mesapara todos los comensales

“Poesía del Pómulo Morado” es el programa de Capulí, Vallejo y su Tierra en el ámbito de la poesía.
Diversas consideraciones se han tomado en cuenta en relación a esta línea de trabajo en la cual ojalá que tú quisieras involucrarte, amable lector, pues el espacio de Capulí está abierto a tu participación y de todos quienes quieran hacerlo. Es una sola mesa para todos los comensales.
Pretendemos que en él se produzca aquel raro e insólito encuentro entre lo íntimo y lo externo, lo entrañable junto con lo que tiene valor universal, lo personal al lado de lo colectivo, la emoción en pareja con el pensamiento, lo que nos dona la tierra y lo que nos prodiga el espíritu, que es el raro prodigio que se produce en el arte cuando este es auténtico.
Y lo es cuando el poeta todo aquello que vive lo hace en representación del hombre como especie y como destino, porque dentro de su aparente rareza asume lo que es significativo para todos los seres humanos, pues siendo algo particular lo que siente y piensa lo recoge y vuelve a sembrar como si fuera patrimonio de la humanidad.

2. Entonces ¿Por qué poesíadel pómulo morado?

Se denomina "del pómulo morado" porque ello supone pugna, revuelta y fragor; lucha ardorosa, valiente y decidida.

Porque es así el rostro del soldado que vela en la trinchera, es así la faz del montonero después de la batalla.

O bien sea porque nos hemos trenzado a golpes defendiendo una causa justa; o bien sea el hermano que defiende a otro hermano; o bien seguramente que nos hemos batimos a favor de nuestro pueblo.

Es por la vigilia de avizorar en lontananza la justicia y la libertad para todos.
Poesía del pómulo morado porque ese es el color de la gente que trabaja cultivando la tierra, entrando en la mina, arreando el ganado, velando bajo la noche estrellada la esperanza del pueblo.

Porque pómulo morado tiene quien abre un camino, construye un puente, edifica una casa, erige una represa, sueña al pie del traqueteo de su máquina que produce un bien solidario.
El nombre está tomado de un verso de César Vallejo que forma parte del poema “Pequeño responso a un héroe de la República”, que a su vez forma parte del conjunto de poemas de España, aparta de mí este cáliz donde el libro es un héroe en aquella contienda. Y no solo el libro sino el libro de poemas. O la poesía misma, con lo cual se asigna a la poesía una alta responsabilidad en la lucha por el bien y la causa del hombre.


3. Somos ricos en oro, pero mucho más en poesía

Poesía del pómulo morado es una visión por la cual se reconoce la importancia y el valor de la poesía en una realidad y en una cultura como es la andina.
Única en el mundo, en donde la poesía aflora por doquier y de manera prístina, sincera y natural.
Porque somos ricos en oro, en metales hasta de valor estratégico, ¡pero mucho más en poesía!, lo cual es sorprendente.
Porque somos ricos en plantas medicinales como la quina, la tara, la uña de gato, ¡pero mucho más en poesía!, lo cual es admirable.
Porque somos ricos en recursos ictiológicos, así como también en flora y fauna singulares, pero mucho más en sueños, anhelos de belleza, ilusiones y utopías.
Somos ricos en folclore, en música, en danzas, en mitos, en fiestas del alma, ¡pero mucho más en poesía!
Ricos en comidas, en potajes, en aderezos; en licores y brindis porque la vida así lo reclama y exige a quienes saben apreciarla, ¡pero mucho más en poesía!, lo cual es supremo.
Porque tenemos al poeta más señero de todos los tiempos y espacios: el más universal al lado del Dante, ¡César Vallejo!, al decir de Thomás Merton.


4. Ser ante el mundo

Vivimos con la poesía orientando nuestros pasos y nuestro destino, hasta en nuestros fracasos que son pura poesía.
Por eso es que desde este bastión hemos de actuar para alcanzar los objetivos que nos hemos trazado.
Porque la poesía constituye el elemento esencial en la fragua de martillo y el yunque que nos forje definitivamente.

Y debe ser el factor movilizador que nos una y consolide.

Somos una cultura única, singular y de asombro, que solo la poesía de que estamos hechos la sustenta y la explica ante el mundo.

Esto lo visualizaron los incas, lo exaltaron y por eso fueron grandes y triunfaron.
Además de la cultura andina que erigió aquí la organización más excelsa del universo, hay otro ejemplo en la historia humana: Grecia.


5. El retumbar
de los hexámetros homéricos

Porque, ¿qué hizo grande a la cultura helénica? La poesía.

¿Qué fue aquello le dio consistencia, valor, vuelo eterno? La poesía.

Ellos adoptaron una visión del mundo, una actitud, una conciencia y una moral inspirada en la poesía que es la esencia del alma humana.
Porque, ¿cómo fueron educados los gobernantes griegos, incluso los guerreros?

¿Con qué planes estratégicos avanzó Alejandro Magno conquistando Egipto y transponiendo más allá del Indo? Con poemas.

Con el imaginario de los mitos que rezuman poesía y bajo el retumbar no de los tambores y clarines sino de los hexámetros de los cantos homéricos que leía extasiado al amanecer de cada combate.
Entre nosotros la poesía nos invade, es nuestra sustancia y esencia, corre por nuestras venas, debiendo educar más con ella, con la belleza, con el sentido profundo de los seres y las cosas. Y con el heroismo que César Vallejo avizora.


6. Escribir nuestros pasos en la tierra

Pero no reduzcamos poesía a escritura, ni a texto, ni a páginas; tampoco a libro. Mucho menos a cenáculos ni academias. César Vallejo la sitúa en el campo de batalla.
Porque poesía en el modelo actual de occidente se reduce a escritura, siendo más bien actitud frente al mundo. Poesía es un sentido de la vida y no preceptiva, ni cánones, ni objeto verbal, ni siquiera es logro estético, sino más bien: verdad, destino y aspiración de libertad.
La poesía es acto, no texto. No ringleras de letras sino aliento. Es más que palabras u oraciones, son compases de fiesta en la noche intrincada.

No es una estructura de renglones cortos y escalonados en versos de dos, cuatro o más líneas conformando estrofas.

Poesía es pálpito, corazonada y decisiones para la trascendencia y el infinito que somos.
No reduzcamos poesía a escritura ni a publicación, ni a soporte de papel.
Poesía es verdad. Es una manera de vivir, una actitud frente al mundo, una manera de situarnos en la realidad y de actuar con grandeza, con intensidad y pasión.
Poesía es grabar nuestros pasos en la tierra, sellar nuestras huellas en el mundo.


7. La poesía entre nosotros aflora de manera natural

La poesía es un elemento esencial de la cultura andina.
Aflora de manera natural en nuestras vidas.
Cuando nos vamos hacia otras latitudes o regresamos, lo hacemos llorando. Y cada tarde allá lejos recomponemos melancólicos las imágenes rotas de nuestros pueblos de origen.
He visto cómo la gente del ande permanece en los aviones cuando parten: no pueden reprimir sus lágrimas.
Regresé hace unos días. Varios de mis paisanos al tocar tierra se arrodillaron y besaron el suelo al cual se sienten pertenecer. Y después rozaban los dedos con los ojos cerrados por las paredes del aeropuerto.
Más que nuestras flores que se abren generosas por los campos, más que el azul de nuestro cielo andino, se ahonda y expande la poesía en nuestros corazones.
¿Qué pueblo y qué cultura más sorprendentes que el nuestro?
Y estos son los elementos con los cuales se debiera de fortalecer y armar de valor sublime a nuestros niños y a nuestros jóvenes.

¡Y la poesía ostentarla como emblema en nuestra frente!


8. Capacidad que tenemos de prodigar afecto

En las sociedades contemporáneas se ha adoptado el criterio de medir el progreso de acuerdo a indicadores económicos y hasta en función de la balanza de pagos comerciales.

Con eso nos quieren hacer creer que lo importante, digno y significativo es eso. Asunto que humanamente es falso y nefasto.

Porque no se puede catalogar por la cantidad de dinero que se gana la calidad ni de las personas ni de los pueblos. No. Es el alma y el espíritu lo que cuenta.
Ni el Canadá, ni los Estados Unidos, ni Suiza, ni el Japón, tienen como pueblo tanta poesía que aflore de sus entrañas como la tenemos nosotros, que se nos derrama por los ojos, los labios y los pasos.
Ahí está, tangible y palpitando en los niños como en los adultos, en los estudiantes como en los maestros, en las mujeres como en los hombres; en los de la costa, sierra y selva, aflorando pura, luminosa y radiante.
Vayamos a cualquier pueblo y ahí está, cristalina, profunda y extasiada.
Y así como cada día vamos dando valor a nuestras comidas, costumbres y expresiones culturales, así como nos inclinamos reverentes al paisaje de nieves eternas, o veneramos nuestros fardos funerarios, vayamos dando valor a lo que tenemos: la capacidad de amar, de enternecernos, de ser piadosos y de adorar.


9. Poesíade la entraña de la tierra

“Poesía del pómulo morado” rescata las voces de las provincias, que brotan profundas y conmovedoras, diáfanas y comprometidas; y que crecen indetenibles.

Confrontadas muchas veces con lo adverso con que frecuentemente se dan las condiciones en los parajes recónditos, para probarnos en la resistencia, en el coraje y en el valor de superar y vencer dificultades.
Es por eso que han surgido esos grandiosos poetas de aldea que han alcanzado a conquistar los sitiales más altos de la poesía y la literatura y que nacieron en alguna atalaya o trémulo campanario del camino como César Vallejo, en Santiago de Chuco, Mario Florián en Contumazá, Luis Valle Goycochea en Pataz, Manuel Scorza en Huancavelica, César Calvo en Iquitos.
O narradores como Ciro Alegría, nacido en Marcabal, hacienda de la provincia de Huamachuco, o José María Arguedas en Andahuaylas, o Francisco Izquierdo Ríos en Saposoa, o Eleodoro Vargas Vicuña en Tarma.
Aquella literatura de provincia nutrida de un hondo y tierno lírismo intenso, tierno y apasionado, que es la reminiscencia del haravic quechua.
Abrir los pétalos de esas flores es la consigna, para ser el pueblo pleno y articulado, que actúa al unísono, como hace un cuerpo sano que moviliza todos sus músculos cuando trata de levantarse y ponerse de pie.


10. La poesía como espacio genuino de valores

“Poesía del pómulo morado” es avanzar y situamos en el mundo con la poesía como estandarte, emblema y bandera. Es llevarla en los brazos, en el corazón y en el alma.
Pero a su vez es hacer de la poesía el espacio más genuino de los valores. Valores como el de la identidad, la fraternidad y el bien.
Donde la poesía recree nuestros mitos, rescate nuestra historia, consolide nuestras esperanzas. Integrando, cohesionando, fraternizando.
Poesía para sentirnos más confiados y protegidos. Más hermanos.
Para reconocernos como seres que se aman, que somos capaces de soñar juntos.
Porque nuestra esperanza y nuestra utopía es mucho más grande, vasta y honda que los problemas. Problemas que debemos afrontar y superar. No más sufrirlos como tales.

Y si se personalizan que a la postre lo vivamos en representación del hombre y de la humanidad.


11. Transformar como lo anhelaronnuestros apus tutelares

Tenemos como fortaleza el arrojo, el sacrificio y el heroísmo que nos legan nuestros apus tutelares.
Tal y como asumieron su vida: César Vallejo, José Carlos Mariátegui y José María Arguedas, sin dejar de reconocer, valernos e inspirarnos en tanto otros creadores sobresalientes del Perú y América.
Separando el grano de la paja, tenemos en ellos la más grande y gigantesca reserva moral, así como en nuestros pueblos andinos que nos servirán de orientación y ejemplo.
Ellos demostraron con su vida y con sus actos su grandeza. Son ellos los que nos donaron la base moral para luchar y vencer.

Seamos también legítimos herederos del legado que nos dejaran nuestros antepasados incas.
Poesía del pómulo morado es una movilización de conciencias, una militancia activa por transformar el estado de cosas y la miseria subsistente en nuestra sociedad.

Porque poesía que no corresponde a las aspiraciones, a los proyectos y al destino que tenemos que forjar aquí, no es nuestra poesía.


12. POR LO EXPUESTO:

Anhelamos, ya lo estamos haciendo y lo expandiremos aún más: ¡una literatura de lucha y no de desaliento!

Anhelamos, ya lo estamos haciendo y lo expandiremos aún más: ¡una literatura de contenidos y no de formas!
Anhelamos, ya lo estamos haciendo y lo expandiremos aún más: una literatura luminosa, irradiadora de vida y no decadente .
Anhelamos, ya lo estamos haciendo y lo expandiremos aún más: una literatura en comunión con la tierra, con el trabajo, con la alegría y con el regocijo de que como pueblo y comunidad hemos triunfado.

Anhelamos, ya lo estamos haciendo y lo expandiremos aún más: en contraposición a la del éxito, una literatura y poesía de la esperanza.


Texto que puede ser reproducidocitando la fuente

Teléfonos: 420-3343 y 420-3860

Revisar otros textos en el blog:www.danilosanchezlihon.blogspot.com

sábado, 13 de septiembre de 2008

INSTITUTO DEL LIBRO Y LA LECTURA

PLAN LECTOR
ALAS PARA VOLAR
PRINCIPIOS Y FUNDAMENTOS
DEL PLAN LECTOR
Plan Lector es un conjunto coherente y sistemático de visión y doctrina, conceptos y proposiciones, estrategias y actividades acerca de la lectura, que se propone alcanzar cuatro objetivos básicos: 1). Formar a la persona humana como lector permanente. 2). Motivar a la lectura y al aprecio del libro y los textos. 3). Elevar los niveles de comprensión lectora y 4). Crear sociedades lectoras.
El Plan Lector ha de apoyarse en un repertorio de lecturas sugestivas, motivadoras y pertinentes, seleccionadas por el maestro en razón de criterios de contenido y forma respondiendo a los intereses, expectativas y saberes previos del lector al cual se destinan, hecho que guarda relación a su vez con sus experiencias previas y contexto. De allí nuestra inquietud por poner a disposición textos de variada temática, como de diverso grado de exigencia.
Mediante el Plan Lector el maestro asume y trabaja elevando el nivel del comportamiento lector de niños y jóvenes hacia los cuales dirige u orienta su acción, comprendiendo que su realización depende de cuanto lleve a cabo por hacer de cada alumno un lector asiduo, lúcido y gozoso, preparándolo para explorar por sí mismo los misterios de la vida y el universo; perfilando de ese modo personas que forjen su destino de manera trascendente. (Danilo Sánchez Lihón).

ºººººººº

PLIEGOS DE LECTURA
DIAMANTES Y TALISMANES

Danilo Sánchez Lihón
www.danilosanchezlihon.blogspot.com

1. Mientras más grandes y vistosos
¡Cómo cambia la vida!, ¿no? Porque, ¡cuántas veces, de niños, habremos caminado escondiéndonos de costado a fin de que no se dieran cuenta que nos faltaban dos, tres o más botones en la camisa, en el pantalón o en el saco!
¡Coscorrones y resondros que no habremos recibido a consecuencia de tales abalorios y dijes perdidos y que en los tiempos modernos veo que ya no importan nada, ni siquiera los tomamos en cuenta en la veloz y acelerada vida que tenemos! Pero, sin embargo, ¡qué valor incalculable, mayúsculo y supremo tuvieron en nuestra infancia!
La pena era que se caían en el forcejeo del juego de pelota, o al trepar a un árbol, o al correr por el campo.
¡Los regaños que habremos recibido por extraviar tales dijes! Acaso, ¿sería porque eran caros? Quizás ¿porque era difícil encontrar un botón idéntico para reemplazar al perdido?
El hecho es que nuestros padres nos lo echaban en cara porque era cierto que los jugábamos al trompo, a las canicas o al “tres en uno”, arrancándolos de la ropa que teníamos puesta. Es la pura verdad, monda y lironda, y hay que aceptarla:
¡Nos jugábamos los botones del saco, del uniforme, del morral! Y mientras más grandes y vistosos eran entonces ¡mucho más apetecibles resultaban para los competidores!


2. Como un buen caballero entrega su escudo

¡Claro! Lo usual era ponerlos como trofeos en el juego del trompo, en donde la competencia consistía en arrastrar lo más pronto y más lejos que se pueda una moneda, impulsándola y haciéndola saltar con la púa del juguete en plena danza.
Había golpes que en la calle o en una explanada cualquiera, hacía saltar varios metros de distancia al dije que se lo arrastraba, con lo que se aseguraba ganar la partida.
En esos casos, todo el grupo se echaba a buscar la peseta o el medio sol o los diez céntimos que, según dónde hubiera caído, había un grito de aprobación o de pena, sea a favor o en contra de poder o no poder avanzar desde allí hasta ganar la meta final, que era cruzar una raya trazada en el suelo, ya se juegue en el patio de la escuela, ya en el corredor ya en la calle.
¿Qué es lo que se ponía en juego en estas competencias que consistían en hacer avanzar la moneda con piques que hacía la punta del trompo? En la mayoría de casos eran los botones que estaban bien pegados a nuestros vestidos, cosidos allí por nuestros padres con devoción y desvelo y el ruego de que fuéramos niños buenos.
Dijes protectores y lucientes en nuestras prendas de vestir desde donde, si nos era desfavorable el resultado de la competencia pasaban a manos del contendor, para lo cual –inevitablemente en presencia de todos– había que retorcer el hilo hasta que este cediera y entregarlos sin parpadear, como un buen caballero entrega su escudo al vencedor, con la deshonra para el que perdía de dejar libre una abertura en el pecho, en la manga o en cualquier otra parte del cuerpo.


3. En nuestras vidas apuradas e inconscientes

Así, poco a poco, iban sucumbiendo los botones de la camisa, del saco, del pantalón o del abrigo en los viciosos juegos del trompo por lo que había que llegar a la casa y cambiarse rápidamente de ropa, hasta tener tiempo de resarcir estas faltas y ausencias ominosas.
Pero, lo que más ocurría era que al llegar a nuestros hogares nos olvidáramos de esas preocupaciones por otros entretenimientos de niños. Acontecía entonces que nos sentábamos a la mesa despreocupados pero con el cuerpo del delito a plena vista y paciencia –para luego tornarse impaciencia de nuestros padres–; hecho que producía un inmediato arrebato de cólera y, a veces un infierno, aparatosas expulsiones de la mesa y en algunos casos –aunque pasajeros– vergonzosos castigos por haber sido, sin que ellos lo sientan, fallidos paladines en la pelea de trompos.
¡Botones!, tan significativos en nuestra infancia como ahora nimios, diminutos y hasta imperceptibles. ¡Y hasta inexistentes o despreciados cachivaches en nuestras vidas apuradas e inconscientes!


4. Unos estaban hechos con un arco o con un puente

A fin de guardar y tener a la mano los botones para cualquier emergencia los teníamos bien catalogados. ¡Este hecho era quizá el orden más esencial y con lo cual empezaba la construcción de una casa digna de llamarse así!
Es por eso que en una canasta exclusiva para tal fin teníamos varias bolsas pequeñas de tela, cada una de un color diferente, hechas y determinadas para contener los botones, con un lazo ajustable en la boca para que no se derramen y donde estaban clasificadas estas especies prodigiosas que luego se colocaban en el pecho o en el busto o en la cadera de los vestidos.
Cada una de esas bolsas tenía un nombre con el cual las identificábamos. No estaban escritos en ningún sitio, sino en nuestra memoria y en nuestro tácito acuerdo de familia, entre padres e hijos.
Una bolsa era de “botones de camisa”, de todos los colores, pero mayoritariamente blancos. Unos eran de un brillo mate y otros nacarados con reflejos e iridiscencias de todos los matices. Algunos tenían dos orificios, otros cuatro. Unos estaban hechos con un arco o con un puente hacia atrás, que eran los que no quedaban planos cuando extendíamos los botones en la mesa.

5. Otros con el iris del sol y las estrellas en sus venas profundas

Había otra bolsa de “botones de pantalón” donde predominaban los plomos y negros, casi todos ellos de cuatro orificios, hechos de un material denominado “tagua”, que sabíamos que era así porque con ese nombre íbamos a comprarlos a la tienda: “véndanos botones de tagua”, decíamos sin saber lo que ello significaba.
Otra bolsa era de “botones de saco”, ¡temibles e imponentes!
No sé por qué razón, quizá porque en algo estaban ligados a los ternos de los mayores, aquellos botones eran serios, intocables y regañadores. O sería porque veíamos lucirlos a los muertos tendidos y boca arriba en sus catafalcos. ¡Eran botones graves, de colores obscuros y solemnes!
Había otra bolsa que en el lenguaje familiar lo identificábamos como la bolsa de botones de “Abrigos de mujer”. Esta bolsa sí que era de botones de embeleso, cada uno hecho como si fuera una obra de arte, ondulantes unos, con bordes tallados otros, algunos forrados en cuero, otros con telas exóticas de diferentes colores: unos con brillos en su superficie, otros con el iris del sol y las estrellas en sus venas profundas.


6. Las joyas más preciosas y excelsas

¡Ah, botones fascinantes!, verdaderos tesoros y reliquias.
Para mí: piedras preciosas, porque voy a confesarles sin vergüenza alguna que no he sentido emoción ante un diamante, un ágata o la más preciada y costosa esmeralda, que las he tenido en mis manos.
Tuve delante de mis ojos, en la joyería "Tíffanis" de la Quinta Avenida de New York, a la perla que ostentaba en su cuello la Reina Victoria, que allí se exponía en una vitrina.
La verdad, no me parecieron extraordinarias las ágatas, los rubíes ni diamantes de María Antonieta que lucen en sus vestidos que se muestran en el Palacio de Versalles.
Nada del otro mundo los trajes de los zares en el Museo del Kremlin; es más: no me conmovieron en absoluto.
Y les confieso, ingenuo o confuso:
¡Recordé en ese instante a los botones que refiero y que me parecieron más hermosos quizá porque además son útiles!
Es ante los botones que me embeleso.
Y es que son talismanes, sortilegios y abalorios los botones en la ropa de la gente.


7. Quizá no merezca que afloren estas lágrimas

Y es que los botones están ligados a la vida: a sacarse el saco para una pelea, a desabrocharse una blusa para las lides del amor.
Son también como los aretes de las mujeres de mi aldea, preciosos por quién y donde se lucen.
Quizá no cuestan más allá de diez céntimos, pero son y serán para mí las joyas más preciadas y excelsas en mi aprecio y valoración de los bienes del universo.
Y también, como vengo diciendo, ¡los botones de las bolsas en la canasta de trastos de mi casa de infancia, lamentablemente desaparecida!
Ellos no lucieron en una manga o en un escote.
¡No corrieron mundo!, no vieron ni la pena ni el gozo, ni lo dulce ni lo amargo, ni lo que dice una promesa ni lo que hiere un desengaño.
Algunos sí porque fueron recogidos después de haber rodado por el mundo, como los que fueron trofeos en nuestros juegos de trompos y por lo cual soportamos resondros y hasta severos castigos.
Pero, ¡es eso lo que al final los salva!
Todo ello quizá no merezca, pero no hay razón por qué lo resista ni me avergüence, que por ellos broten estas lágrimas.

JOSE ANTONIO ENCINAS VISTO POR EL ALMA DE UNA NIÑA


Danilo Sánchez Lihón

Jose Antonio Encinas es el maestro más egregio del Perú de todos los tiempos. Fue postulado como Rector de la Universidad de San Marcos en la etapa de mayor efervescencia del movimiento estudiantil, 1931, y sin ser profesor de esa casa de estudios, en gracia a su trayectoria moral, coherencia política y la brillantez de sus ideas.
En tal ocasión fue su contendor en la justa electoral nada menos que Víctor Andrés Belaúnde, profesor notable y con una foja de servicios intachable en la universidad y quien después se desempeñaría como Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en New York. En esa contienda el escrutinio arrojó 14 votos para Belaúnde y 98 para José Antonio Encinas recién regresado del destierro.
En el Perú sufrió cárcel y fue expatriado tres veces por oponerse a las dictaduras, sumando 25 años de alejamiento forzoso del país, obteniendo en aquel tiempo cinco doctorados todos ellos en educación, en las universidades de Padua, Bologña, Londres, París y La Sorbona.Su pensamiento y práctica pedagógica la realizó en la Escuela 881, la más pobre de su región, en Puno, convirtiendo a los 83 egresados no solo en profesionales de éxito –de lo cual no se preciaba– sino de personalidades del mundo artístico, científico, político y empresarial que abrazaron la causa del indio en el Perú.
Fue un maestro visionario. Sus ideas pedagógicas tienen extraordinaria vigencia y otras solo a futuro serán reconocidas. Fundó la Universidad Nacional de Educación La Cantuta.
Fue un hombre honesto, incorruptible y con un amor profundo al niño, al indio y a su tierra natal. Esos fueron sus tres grandes amores.La entrevistaLos primeros días de enero de 1999 fui invitado por la señora Aurora Encinas Franco –hermana de José Antonio– a participar en el bautizo de una guagua de pan, en su casa de San Isidro, ceremonia de mucha tradición en Puno.
Otro motivo era que conociera a su hija Gloria y a sus nietos, que habían llegado a visitarla desde México. Asistí, y en el transcurso de la conversación pregunté a Gloria acerca de los recuerdos que conservaba de su tío José Antonio Encinas.
Reproduzco toda la evocación que hizo Gloria Zegarra Encinas, que escribí pocos momentos después de haberla oído, y donde se develan acontecimientos que en todo momento contaban con el asentimiento de la señora Aurora, quien durante todo el relato corroboraba, y por momentos complementaba las remembranzas.
http://socialismoperuanoamauta.blogspot.com/

JOSE ANTONIO ENCINAS ( 30/05/1888) MAESTRO NACIONAL

Una vida dedicada a la educación, al indio y al pueblo es quizá la mínima idea que trasluce el itinerario vital del gran educador peruano José Antonio Encinas, quien naciera un 30 de mayo de 1888 en la ciudad de Puno. Sus padres fueron don Mariano Encinas y doña Matilde Franco.
En su tierra natal estudia primaria en la escuela dirigida por don José María Miranda, posteriormente hace la secundaria en el Colegio Nacional "San Carlos" fundado por el Libertador Simón Bolívar. En 1906 egresa de la primera Promoción de Normalistas del Perú, en Lima, y en 1907 es nombrado director del Centro Escolar de Varones 881 de Puno, iniciando la experiencia de la Primera Escuela Nueva en el Perú.
Luego vendrán los largos años de destierro, período en que fue desarrollando su teoría y obra en la creación de una pedagogía peruana nacional; registrada en obras como La Educación del Indio (1908), El Problema del Profesorado Nacional (1910), La Educación, su Función Social y el Problema de la Nacionalidad (1913), Mi Familia, Mi escuela, Mi Casa (1934), La Educación de Nuestros Hijos (1938), Enciclopedia Escolar (1938), y, la más conocida Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú.
En su tarea sobre la educación, Encinas guarda una relación entrañable con la niñez. "El niño es el ser más incomprendido y el más conculcado de todos los tiempos. Todos los males que sufre la sociedad actual son consecuencia de nuestra incapacidad para comprender a los niños. Hay que prepararse para comprenderlos", señalaba el maestro.
Ello también se refleja con el indio en sus estudios: "La educación del Indio", "Causas de la criminalidad indígena", "Los aymaras del Perú" y "Totemismo". Igual sucedió con la universidad, su preocupación y conocimiento de ella quedó demostrado cuando fue rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1931.

JOSE ANTONIO ENCINAS ( 30/05/1888) MAESTRO NACIONAL

Una vida dedicada a la educación, al indio y al pueblo es quizá la mínima idea que trasluce el itinerario vital del gran educador peruano José Antonio Encinas, quien naciera un 30 de mayo de 1888 en la ciudad de Puno. Sus padres fueron don Mariano Encinas y doña Matilde Franco. En su tierra natal estudia primaria en la escuela dirigida por don José María Miranda, posteriormente hace la secundaria en el Colegio Nacional "San Carlos" fundado por el Libertador Simón Bolívar. En 1906 egresa de la primera Promoción de Normalistas del Perú, en Lima, y en 1907 es nombrado director del Centro Escolar de Varones 881 de Puno, iniciando la experiencia de la Primera Escuela Nueva en el Perú. Luego vendrán los largos años de destierro, período en que fue desarrollando su teoría y obra en la creación de una pedagogía peruana nacional; registrada en obras como La Educación del Indio (1908), El Problema del Profesorado Nacional (1910), La Educación, su Función Social y el Problema de la Nacionalidad (1913), Mi Familia, Mi escuela, Mi Casa (1934), La Educación de Nuestros Hijos (1938), Enciclopedia Escolar (1938), y, la más conocida Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú. En su tarea sobre la educación, Encinas guarda una relación entrañable con la niñez. "El niño es el ser más incomprendido y el más conculcado de todos los tiempos. Todos los males que sufre la sociedad actual son consecuencia de nuestra incapacidad para comprender a los niños. Hay que prepararse para comprenderlos", señalaba el maestro. Ello también se refleja con el indio en sus estudios: "La educación del Indio", "Causas de la criminalidad indígena", "Los aymaras del Perú" y "Totemismo". Igual sucedió con la universidad, su preocupación y conocimiento de ella quedó demostrado cuando fue rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1931.

viernes, 30 de mayo de 2008

NACE EL MAESTRO ENCINAS

INSTITUTO DEL LIBRO Y LA LECTURA
INLEC DEL PERÚ

30 DE MAYO
CONMEMORACIÓN


PLAN LECTOR
PLIEGOS
DE LECTURA

AQUEL
MAESTRO
EGREGIO

Danilo Sánchez Lihón

1. El amor bondadoso
Una antigua leyenda cuenta que cuando el sabio y virtuoso Rey Salomón murió los demonios hicieron lo indecible por llevarlo al Infierno y verse así favorecidos por su sagacidad y reciedumbre.

Al poco tiempo de tenerlo secuestrado estos lo sorprendieron midiendo el largo y el ancho del lugar y le preguntaron qué estaba haciendo.
A lo que Salomón respondió: “Estoy midiendo el lugar en que habré de edificar el templo de Dios. Y entonces los diablos lo echaron del Infierno.

José Antonio Encinas así como el Rey Salomón adonde iba erigía un templo, el templo de la escuela, de la educación, del saber y de la virtud.

De allí que las tiranías y las corruptelas de la época no podían soportarlo y le hicieron padecer 20 años de sucesivos destierros.

Con él y para él se podría asumir este proverbio que reza así:


El hierro es fuerte,
pero el fuego lo derrite.
El fuego es fuerte,
pero el agua lo apaga.
El agua es fuerte,
pero las nubes lo evaporan.
Las nubes son fuertes,
pero el viento se las lleva.
El viento es fuerte,
pero el hombre lo vence.
El hombre es fuerte,
pero el miedo lo derriba.
El miedo es fuerte,
pero el sueño lo vence.
El sueño es fuerte,
pero la muerte lo es más.
Pero el amor bondadoso
sobrevive a la muerte.

Solo quien tenga y ofrezca amor bondadoso es quien puede alzarse como senda y camino. Porque se puede ser inteligente, y Encinas lo fue, pero no alcanzaremos con ello a ser horizonte. Podemos ser valerosos, y Encinas lo fue, y tampoco con ello alcanzaremos a ser ruta y destino.

Es el amor bondadoso, que él sintió por el niño, por la juventud, por la escuela, por el maestro, por el indio y por el Perú, el que lo hace sobrevivir y el que hace que nos llegue su obra y su figura como un aire puro y fértil para seguir bregando.

Convencidos y esperanzados, por redimir los sufrimientos de nuestra sociedad; y para forjar, a partir de la educación, la patria hermosa que nos merecemos, y la dignidad y felicidad del hombre, que es nuestro anhelo y pleno derecho ahora y siempre sobre la faz de la tierra.


2. Variados y diversos aportes
Muchas son las acciones, tareas y programas, como también son variados y diversos los aportes conceptuales, doctrinarios e ideológicos a la educación, hechos por el maestro José Antonio Encinas, y que cada día vemos que suscitan el mayor interés de los maestros del Perú, haciéndose más claros, actuales y vigentes.

He tenido la oportunidad de constatar cómo se tornaban tan reales y eficaces diversos aspectos y temáticas señalados y precisados en los postulados de aquel maestro, como también de evocar y recrear sus magistrales enseñanzas.

De todos aquellos asuntos y contenidos los que con frecuencia e interés se aluden en las reuniones magisteriales, referidas a la vida y obra del maestro José Antonio Encinas, cuatro son los que resaltan con mayor énfasis, cuales son:

a. El bien y el significado de ser maestros.
b. La integridad moral del maestro Encinas.
c. Su postulado e ideario de la Escuela Social, y
d. Una Educación con identidad.
Estos temas sobresalen entre otros que no dejan de ser importantes, tales como el aprecio, la admiración y hasta fascinación que él sentía por los niños, su recio y valiente activismo en contra de todas las dictaduras que le tocó padecer: Leguía, Sánchez Cerro y Benavides, su visión de la escuela como un lugar de encanto, magia y alegría, su tesis a fin de desterrar los exámenes en la escuela y en el sistema educativo, entre muchos otros.
Sin embargo, en este breve repaso sólo nos referiremos a aquellos cuatro ejes de pensamiento, emoción y acción que hemos aludido como los más representativos y frecuentes en la evocación del autor de Un ensayo de Escuela Nueva en el Perú.


3. El bien y el significado de ser maestro
José Antonio Encinas nos enseña, en primer lugar, a ser maestros de alma, auténticos y consagrados, a cumplir y valorar el privilegio de ser guías, orientadores y amigos de los educandos, teniendo presente en todos los actos de la vida la actitud noble, protectora y de una entrega total al cuidado de la niñez y de la juventud.

Él es el modelo por excelencia de un maestro por antonomasia, en quien se resumen todas las virtudes como también los actos de verdad y valor. Quien, sobre todo, en cada momento de su vida jamás dejó de ser y actuar como maestro.

Elegido Rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en 1931, venciendo en justas electorales a nada menos que a don Víctor Andrés Belaúnde, después Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, ¿qué blasones lucía Encinas, quien ni siquiera era docente de San Marcos? Exhibía el más honroso título en el contexto que hablamos: el de maestro de Escuela Primaria, o normalista, como se le llamaba entonces.

Y con ello es lo mismo a decir: entusiasmo, sapiencia y gusto rayano en la pasión, que es el rasgo y a la vez el centro de la magia de ser maestros. Y todo ello para entonar muy en alto el canto a la vida, siempre en la perspectiva de búsqueda y hallazgo de verdades trascendentes.

Ser maestro es participación, avivamiento y alegría; ganas de vivir, de celebrar la vida, de asumir la realidad con optimismo y valor. Es forjarse una honda identidad; es usar las manos para pensar y construir; es edificar y transformar la realidad; es hacer de la vida un canto, un himno, una epopeya; una proeza en donde la relación maestro alumno más que lección o enseñanza es diálogo, amistad y comunión profunda.

Él en todos los actos de su vida tuvo el concepto más alto de lo que era ser maestro de escuela, de allí que fue capaz de hacer una educación con altivez como también con gracia, humor y el don de sonreír; de hacerse amigos, de confiar en los demás y en nosotros mismos.

Para hacer todo ello se requiere ser un hombre que ame ser maestro y un maestro que ame ser niño, joven o adulto con ideales; capaz de mirar con los ojos que el niño mira y abrir su alma de la manera cómo él la abre y vuela.

4. Un ejemplo de integridad moral
José Antonio Encinas fue un hombre honrado. De una limpieza moral sin tacha. Por ejemplo, con una exactitud muy grande en el manejo del dinero, con desprendimiento para ayudar y generoso para proteger.

Siendo austero en sus gastos, se enteraba de un problema que sufriera una persona, o lo padeciera su pueblo, y ahí estaba presto él para socorrer.

Así, una vez se dañó el motor que proveía de luz eléctrica a Puno y no se tenía fondos para repararlo. Enterado del asunto inmediatamente giró de sus ahorros el dinero necesario para que se adquiriese la pieza que se había dañado. Hechos como éste constituían la rutina en su conducta.

Sin embargo, era muy escrupuloso con el dinero ajeno y principalmente con lo que correspondían a ser fondos públicos, considerando que este era un bien común, propiedad del Estado y del pueblo doliente y sufrido como es la situación que caracteriza al Perú.

A fin de graficar cómo era respetuoso y estricto en este aspecto, basta referir un hecho: Después de levantarse la clausura que pesaba sobre la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, fue a su casa el administrador con un fajo de papeles a decirle:
– Doctor, aquí están sus cheques para ser cobrados.
– ¿Cómo? –respondió él– si yo no he trabajado durante todo este tiempo.

El administrador le explicó que la partida estaba girada; y que ya todos los profesores y empleados habían cobrado. Entonces el concluyó:
– Sí, pero yo no lo haré. Sólo puedo cobrar cuando he trabajado.

Y ordenó:
– Devuélvase ese dinero al tesoro público.

Pero no sólo veía desde él, sino desde la perspectiva de la otra persona. Así: Logró recuperar una legítima propiedad que había sido usurpada a una persona, quien agradecida le propuso que por sus servicios repartieran esa propiedad y tomara la mitad del predio:
– De ninguna manera –le expresó–. Págueme únicamente mis servicios, para que usted mismo tenga paz, tranquilidad y no se sienta mal, Pero de ninguna manera yo aceptaré hacerme dueño de lo que es su heredad.

Cómo urge que en el Perú asumamos dichos valores, que además son nuestra herencia genética si consideramos el ancestro de nuestra cultura de gran exactitud y moral, dueña de un código de honor y conducta incorruptibles.

5. Postulado o ideario de la Escuela Socialy de una educación con identidad
José Antonio Encinas no se preciaba sólo de que todos sus alumnos fueran profesionales de éxito, sino que todos hubieran abrazado la causa social y la defensa del indio en nuestro país.

Tales educadores son precisamente los poetas del dolor y de la grandeza del Perú, educadores de sus posibilidades y de la promesa de construir aquí una patria grande y justa.

Maestro es quien –nos lo dice él– articula escuela y comunidad, escuela y sociedad, quien asume el carácter social de la educación, la obra y la tarea colectiva. Es quien articula tiempos, espacios, ritmos, áreas del conocimiento. Es quien integra, socializa y hace posible el canto común de las distancias, trbajo mancomundado superando diferencias y hasta exclusiones ominosas.

Es quien preconiza que la gracia de ser maestros radica en reivindicar el mundo despreciado, socavado de las poblaciones en riesgo.

Que no sólo se necesita ser un buen profesor que desarrolla bien su curso o asignatura, que demuestra bien un teorema o explica diáfanamente la conjugación de un verbo, sino el que inspira para todos juntos trazarnos un destino de realización colectiva sobre la faz de la tierra.

Un maestro de niños tampoco puede dejar de ser un hombre de lucha, un guerrero, un militante, porque la esperanza –que es lo que siembra y debe cosechar un maestro– también se la conquista en las plazas y en las calles.

6. Cuenta Churata
Muchos pasajes, ideas y hasta juegos que el maestro Encinas desarrolló graficarían nítidamente la perspectiva de lo que podría identificarse como su concepción de la “Escuela social”.

De los muchos hay uno que quisiera referir, por ser quizá el más espontáneo, incluso hasta aparentemente desaprensivo y humilde, pero en el fondo de una gran significación.

Es una cuadro o instante que cuenta un alumno suyo de la Escuela 881 de Puno, que dirigiera durante cuatro años y que constituye una experiencia innovadora de extraordinario valor, pero además hermosa en su forma y contenido.

Relata Alejandro Peralta, reconocido también con su apelativo literario de “Churata”, que regresaban casi ya al amanecer por la meseta altiplánica, maestro y alumnos.

Como era su costumbre salían no de paseo ni excursión sino a clases que el maestro Encinas desarrollaba al aire libre, en las cumbres de los cerros o a la orilla de los ríos o habiendo avanzado a lo más profundo de los valles.

Los alumnos más fuertes habían avanzado en la noche lóbrega del altiplano cuando echaron de menos al maestro a quien divisaron, al chispazo de un relámpago, que venía muy atrás, lejos, pero a quien divisaron inmenso y agigantado.

Cuenta Churata en esta evocación que hizo varias décadas después, y sin detenerse mucho en relación a su significado, que al estar más próximo y a la luz de otros relámpagos notaron que él se había echado a los hombros al niño más desvalido, que lo traía a horcajadas en la nuca al débil, descalzo y desarrapado que quizá el frío de la meseta y lo agotador del camino le habían impedido caminar.

El maestro Encinas que no medía más de un metro sesenta aparecía por eso como un gigante. Pero algo más comprobaron: que con su vozarrón y viniendo desde lejos entonaba huaynos y taquiraris en quechua y aimara.

7. ¿Qué magia o significado tiene?
Cuenta que fue tal la fuerza, la verdad y la belleza de ese hecho, que de manera espontánea los mayores y fuertes buscaron a los más débiles y los echaron igualmente sus hombros, tal cual el maestro Encinas, uniendo sus voces al canto y a los himnos en las lenguas que entonaba el maestro.

Y así avanzaron, sintiéndose todos grandes, tanto los que cargaban a otros niños, a quienes les renacía una fuerza nueva, como los que iban en los hombros de los otros porque sentían bajo suyo la energía de la solidaridad como algo invencible.

¿Qué magia o significado tiene este pasaje suelto entre los muchos otros que se desprenden del ser y el sentir de la personalidad de este maestro legendario? Es significativo echarnos a los más débiles en nuestros hombros. Si la educación no sirve para eso, ¿para qué entonces educar? ¿Para la competencia? ¿Para ganar y desplazar al otro del camino? ¿Para tirar de codazos a los demás?

He allí la diferencia de lo que puede ser una educación competitiva a una escuela de inspiración social.
En este gesto natural, espontáneo e inconsciente está el sentido, la definición y el concepto profundo y genuino de lo que es educar socialmente. No solo allí está la visión o la misión de lo que es educación, cual es hacernos responsables del mundo en lo más débil, dolido y desprotegido que hay en él, cargarlo en nuestros hombros lo que está pendiente de solucionar.

Pero no con pesar ni con queja, tampoco con marketin o cara al público, sino con profunda y auténtica alegría, sin que eso constituya un lastre sino, como lo dice Churata, se agigantaban todos.

Hay otro rasgo en este pasaje, cual es que el maestro venía atrás, cerrando filas, el último porque vigilaba a quién más lo necesitaba y se retrasaba.

Otra faceta es la fortaleza, la imitación y el deseo de hacer lo mismo, de alinearse con la misma actitud, de no dejar que uno solo lo haga. Este convencimiento llano, voluntario; esta disposición en donde se resume una experiencia, una trayectoria y una vida.

8. Educación con identidad
Preconizó que nuestra cultura es el bien más preciado que nos honra, nos da lustre y enaltece; que incluso compensa y le da un ribete de gloria a nuestro ser en el mundo.

Que se sobrepone a la pobreza que nos acosa, ornándonos con un laurel de victoria cual es ser muy modestos en recursos materiales y financieros pero excelsos en nuestras glorias culturales.

Y así como lo predicó él mismo, él mismo es un símbolo de dicha promesa. Porque así como hay artistas y científicos representativos de nuestra esencia, hay también educadores, como él, que cultivaron una educación con identidad y una escuela totalmente inserta en su medio y en el compromiso social.

Él es el portavoz de un nuevo derrotero de la educación para el Perú, que propone que recogiendo el pensamiento de la cosmovisión del mundo andino es el modo de ser o hacernos universales.

De su vida y de su pluma es de donde podemos extraer las verdades o las certezas que necesita el ciudadano de nuestro país para ser el hombre nuevo que todos vivimos bregando para que aparezca, se eche a caminar y, al reconocerlo nosotros, lo abracemos, como dice Vallejo, emocionados, porque todos hemos clamado: Levántate, hermano.

9. Inspirados en el ideario Encinas
Es importante, en este contexto, reconocer, asumir y enarbolar –a manera de ideario– e inspirados en el maestro José Antonio Encinas, juntos y al lado de todos los maestros del Perú, los siguientes principios que derivan de su magisterio:

1. Creer que el fulgor de la verdad y su búsqueda apasionada no la perderá el hombre ni en el confín de los tiempos, que siempre la anhelará, y que ésa debe ser nuestra bandera y nuestra enseña.

2. Creer que el anhelo del bien y el peregrinar hacia las fuentes en donde el bien mora, debe ser lo que marque nuestra ruta, y que esa fuente está en el corazón del hombre. Y si la hemos perdido, hacia ella debemos orientar las velas de nuestras naves.

3. Creer que el temblor por la belleza que subyuga nuestro corazón no debe avergonzarnos, sino al contrario, descubrirnos el alma ante ella y declarar que amamos la poesía y el resplandor de la luna arrebolada en el horizonte.

4. Creer que la aspiración al silencio del recogimiento tampoco debe atribularnos, sino al contrario, conmovernos porque ello nos reclama a comprender otras cosas aparentemente incognoscibles.

5. Creer que la posesión del amor, o por lo menos tener los brazos y la mirada tendidos a aspirarlo y encontrarlo en nuestras vidas, debe formar parte de nuestras prerrogativas más hondas.

6. Creer que el júbilo, la exaltación, la felicidad que nos produce ver nacer, brotar, surgir y desarrollar la vida, debe formar parte de las experiencias más acrisoladas para el niño, el joven y el adulto.

7. Creer que la aspiración a la brega por defender los valores e instalarlos en donde no existen –valores como la identidad, la generosidad, la solidaridad– son de nuestra absoluta y total incumbencia y que tenemos que dar la vida en aras de su predominio y vigencia.

8. Creer que la vida heroica a la cual todos los hombres tenemos la aspiración de arribar, debemos asumirla plenamente, reemplazando con ella y cuanto antes, la otra vana y trivial, a fin de que esta yazga muerta a nuestros pies junto a los caballetes que soportan máquinas y artefactos a quienes hemos dado tantas prerrogativas para condicionar y hasta gobernar nuestras existencias.

9. Creer que la razón moral debe ser nuestro norte, nuestro derrotero, la fuerza que nos guía y alienta. Luchar por la justicia y equidad, porque no haya miseria, para que superemos la pobreza y sea vigente en nuestro mundo la libertad.

10. Creer que tenemos una patria hermosa como una espada en el aire. Que encontremos la hebra del heroísmo que tiene la labor o la misión de defenderlo, imbuyéndonos de la promesa total del Perú. Y que consagremos nuestra vida a defender nuestros ideales.